Red compartida: ancla para el desarrollo

Instituto Federal de Telecomunicaciones Noticias

Gerardo Soria

Me parece muy ingenuo, ignorante o, de plano, del más burdo chayote, la forma en que la supuesta prensa especializada en el sector telecomunicaciones se refiere a la red compartida mayorista que monopolizó la banda de 700 MHz. Todavía ayer leí en El Universal: “La red compartida, que busca desplegar infraestructura para llevar telefonía e internet móviles a zonas alejadas y rurales, es un proyecto único que encabeza la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, de Gerardo Ruiz Esparza”.

Parece que nadie en la prensa se tomó la molestia de leer las bases de licitación ni mucho menos los cientos de preguntas (así de claras eran las bases) que formularon los interesados, para darse cuenta de que esa red no tiene pensado cubrir zonas alejadas y rurales. Eso es pura demagogia. Su objetivo es cubrir, en varios años, a 80% de la población, la cual está concentrada en centros urbanos, no en zonas alejadas y rurales. Es más, los tres operadores actuales, Telcel, Telefónica y AT&T, cada uno de ellos en lo individual, ya tienen una cobertura superior a la que se pretende cubrir con la famosa red compartida.

Entonces ¿para qué servirá la red compartida? Básicamente, para nada. O, quizá, para que algunos funcionarios y ex funcionarios públicos hagan negocios al detonar la construcción de una cuarta e innecesaria red nacional de telecomunicaciones móviles con un valor estimado de 7,000 millones de dólares. Hay semanas en que ni el ingeniero Slim gana eso.

El esquema planteado es una asociación público-privada. El gobierno regala el espectro más valioso y eficiente del mundo para redes móviles (la banda de 700 MHz); total, lo que es de todos es de nadie (en realidad lo rentarán con un 90% de descuento, tampoco podían verse taaan atascados), y el particular construye la red. Hasta ahí normal, el típico negocio de los políticos. El problema es ¿quiénes van a ser los clientes?, ¿de dónde va a venir el dinero?

La constitución establece que la red compartida sólo le puede vender servicios a operadores o comercializadores, pero no a usuarios finales. Bajo este escenario, el día de hoy, la red compartida únicamente puede tener como clientes a Telcel, Telefónica, AT&T y los operadores móviles virtuales (MVNO) (que no tienen ni 0.7% del tráfico), lo que deja en un grave aprieto a las mentes maestras detrás de este engendro. Si Telmex, Telefónica y AT&T ya tienen más cobertura que la nueva red compartida, ¿para qué la van a necesitar?

Para nada, por eso hay que obligarlos a usar la red compartida, que no la tendrá ni Obama ni ningún país civilizado del mundo, salvo Ruanda. Por eso, además de retrasar la licitación para convencer a los interesados que no se echen para atrás, que todo va muy bien, que se lo tomen con calma y consigan sus créditos porque los vamos a necesitar para comprar todos los equipos que ya tenemos apalabrados, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) postergó por tercera vez todo el proceso licitatorio de tal manera que es sumamente cuestionable que se cumpla con la obligación de tener la red operando en el 2018.

Y es que el tema de los clientes de la red compartida es importante. ¿Conoce usted alguna paraestatal sin clientes cautivos? Yo no. Los burócratas, por lo general, son ladrones y malos administradores. Así es que tanto la SCT como el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) pretenden obligar a que Telcel, Telefónica y AT&T le compren capacidad a sus futuros socios de la red compartida restringiendo deliberadamente las licitaciones de espectro radioeléctrico que tanto se necesitan para dar servicios de calidad a los usuarios.

La SCT y el IFT, para darle viabilidad a su negocio de la red compartida, pretenden no licitar el espectro en la banda de 2.5 MHz que tanto necesitan Telcel, Telefónica y AT&T para mejorar la calidad de sus servicios de banda ancha. Si su celular no sirve, busque los nombres de los burócratas que entorpecen el desarrollo de las telecomunicaciones en el país. Siempre hay un nombre y un apellido detrás del subdesarrollo de México.

vía El Economista

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