De debates a debates

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Por Javier Orozco

Ayer se llevó a cabo en la Universidad de Washington –en St Louis, Missouri–, el segundo debate entre candidatos presidenciales de EU. Como el primero, causó gran expectación en las audiencias de ese país y del extranjero.

Nos preguntamos por qué en México no sucede lo mismo. La respuesta parece simple: es el formato y la libertad.

Bajo el modelo llamado town meeting –en el que la mitad de las preguntas las hizo la ciudadanía directamente, y la otra mitad los moderadores (Martha Raddatz de ABC y Anderson Cooper de CNN) basados en intereses de la población–, los candidatos respondieron en los tiempos fijados y permitió a los moderadores facilitar la discusión. Estas experiencias deben tomarlas en cuenta las autoridades electorales y los partidos políticos en México, para salir de lo acartonado que son nuestros debates.

Quizá la cantidad de candidatos y lo cerrado de los formatos impide la deliberación y el intercambio de ideas, propuestas o discusiones y que el moderador encare a los contendientes: por cuidar las formas se vuelven discursivos.
La solución no solo está en el INE –que ya liberalizó los debates para que sean organizados por medios, a través del reglamento de elecciones, que fue impugnado por Morena, PRD y Panal–, sino también en el Congreso.

En México el primer debate presidencial fue en 1994, mientras en el vecino del norte, en 1960: de nuevo llegamos tarde.

Aunado a lo anterior, la excesiva regulación en México sobre la radio y televisión los inhibe a realizarlos por el temor de ser sancionados. Mientras no se deje en libertad a los medios y se cambie el formato, los debates presidenciales seguirán siendo de trámite legal.

vía Milenio

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