México busca atraer la industria de centros de datos, cuya demanda energética podría ascender a los 3 gigavatios en 2030. El reto: ¿podrá el país garantizar energía suficiente o perderá la oportunidad frente a otros?

El auge de la inteligencia artificial y la digitalización impulsa la demanda global de centros de datos, y México busca posicionarse como un destino clave. Se estima que su capacidad energética para esta industria podría quintuplicarse a 1.5 gigavatios en 2030, equivalente al consumo eléctrico de Querétaro. Además, podría absorber otros 1.5 gigavatios de demanda proveniente de Estados Unidos, lo que representaría hasta el 6% de la demanda eléctrica nacional.
El problema: el sistema eléctrico mexicano está al límite. Las inversiones en transmisión y distribución han sido mínimas, mientras la demanda crece con fuerza. En 2023, las reservas eléctricas de respaldo llegaron a caer por debajo del 3%. Según expertos, sin energía confiable no habrá expansión sostenible de esta industria.
Las empresas ya están invirtiendo en infraestructura propia. Microsoft construyó una subestación en Querétaro y CloudHQ desarrolla una línea de transmisión de 400 kV. McKinsey calcula que se requerirán 15,000 millones de dólares para sostener el crecimiento previsto.
El gobierno federal promete añadir 2.5 gigavatios este año y 29 en los próximos tres años, aunque persisten dudas sobre la viabilidad de estos planes. México sigue dependiendo en gran medida del gas natural importado de EE. UU., visto como un riesgo estratégico, pero también como una fuente confiable para alimentar centros de datos.
Además de la electricidad, existen preocupaciones sobre el consumo de agua y la competencia por recursos básicos en estados como Querétaro, donde se concentra la industria. Organizaciones sociales advierten que el crecimiento acelerado podría agravar la desigualdad en el acceso a servicios esenciales.
En resumen, México tiene la oportunidad de convertirse en un hub de centros de datos para América, pero enfrenta un desafío crítico: garantizar suficiente energía y recursos para sostener el crecimiento sin comprometer a las comunidades locales.
Fuente: Wired